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Navidad Ortodoxa: Festividad del Nacimiento de Jesucristo

7 de Enero
Categoría: Internacionales
Una representación simbólica de la escena del nacimiento con luz suave y elementos abstractos.

La Navidad Ortodoxa es una festividad cristiana que conmemora el nacimiento de Jesucristo, considerado el Salvador y Señor. Esta celebración tiene un profundo significado religioso y cultural en más de cien países, y constituye uno de los doce grandes festivales del calendario litúrgico ortodoxo.

A diferencia de la Navidad católica que se celebra el 25 de diciembre, la Iglesia Ortodoxa conmemora el nacimiento de Cristo el 7 de enero, siguiendo el calendario juliano, que acumula una diferencia de 13 días respecto al calendario gregoriano adoptado por la Iglesia Católica en 1582. Esta distinción no es meramente administrativa: refleja siglos de divergencia teológica, histórica y cultural entre las dos tradiciones cristianas.

El nacimiento de Jesús en Belén, narrado en los Evangelios de Lucas y Mateo, es el centro de esta celebración. La tradición ortodoxa incluye un ayuno previo de cuarenta días, servicios litúrgicos solemnes durante la noche del 6 al 7 de enero, y un período festivo que se extiende hasta la Epifanía, el 19 de enero.

Significado y fecha de la festividad

La Navidad Ortodoxa, denominada oficialmente “el Nacimiento de Nuestro Señor y Salvador Jesucristo”, se celebra el 7 de enero según el calendario juliano, en uso por la Iglesia Ortodoxa Rusa y otras iglesias orientales. Los católicos, en cambio, la celebran el 25 de diciembre según el calendario gregoriano. Ambas fechas corresponden a la misma celebración, pero calculadas con sistemas de medición del tiempo distintos.

La Navidad es un evento fijo en el calendario ortodoxo: no varía de un año a otro, a diferencia de la Pascua, que es una festividad móvil. Este carácter inamovible refuerza su centralidad en la vida litúrgica ortodoxa.

El período de preparación para la Navidad es el Ayuno de Navidad (Rozhdestvensky post en ruso), que se extiende durante cuarenta días, desde el 28 de noviembre hasta el 6 de enero. Durante este tiempo, los creyentes se abstienen de carne, lácteos y otros alimentos, y se consagran a la oración y la penitencia, con especial rigor en la víspera del festivo.

Como subrayan los teólogos ortodoxos, la Navidad no es ante todo una festividad de alegría exterior, sino de conversión interior: el ayuno previo convierte la celebración en el fruto de una preparación sincera del corazón.

La noche del 6 al 7 de enero, las iglesias ortodoxas de todo el mundo celebran servicios religiosos solemnes, con himnos litúrgicos, lecturas evangélicas y rituales que recuerdan el nacimiento del Salvador. Así, la Navidad se convierte en un momento de unión familiar, comunitaria y espiritual, donde se reafirman los valores cristianos.

Eventos del nacimiento de Jesús según los Evangelios

El nacimiento de Jesucristo se sitúa, según los Evangelios, en la ciudad de Belén, en Judea. La tradición cristiana lo considera un acontecimiento sobrenatural: Jesús nació de la Virgen María, venerada en la Iglesia Ortodoxa como Theotokos (Madre de Dios), título confirmado en el Concilio de Éfeso en el año 431 d.C.

A pesar de la trascendencia del evento, el nacimiento ocurrió en circunstancias humildes: no había lugar en las posadas de Belén, de modo que Jesús nació en una cueva y fue colocado en un pesebre. Este detalle es teológicamente significativo: la tradición ortodoxa ve en esa pobreza un signo de la kenosis, el “vaciamiento” de Cristo, que aceptó la condición humana en su forma más vulnerable.

Los primeros en recibir la noticia fueron unos pastores que velaban sus rebaños en los campos cercanos. Un ángel se les apareció para anunciarles el nacimiento del Cristo en la ciudad de David, y una multitud de ángeles entonó el himno: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres de buena voluntad” (Lucas 2:14).

Poco después llegaron los magos de Oriente, guiados por la estrella de Belén, un fenómeno celeste que diversos estudiosos han intentado identificar con conjunciones planetarias o cometas datables entre el 7 y el 2 a.C. Los magos ofrecieron al niño oro, incienso y mirra. El rey Herodes el Grande, al enterarse del nacimiento del “Rey de los judíos”, ordenó la matanza de los niños menores de dos años en Belén, episodio conocido como la Matanza de los Inocentes, narrado en Mateo 2:16-18.

Simbolismo de los regalos de los magos

Los tres regalos traídos por los magos concentran buena parte del simbolismo de la Navidad Ortodoxa. Cada uno alude a una dimensión esencial de la identidad de Jesucristo:

Regalo Simbolismo teológico Referencia bíblica
Oro Realeza de Cristo, tributo al Rey del universo Mateo 2:11
Incienso Divinidad de Cristo, adoración a Dios Mateo 2:11
Mirra Humanidad de Cristo y su futura muerte (la mirra se usaba para embalsamar) Mateo 2:11; Juan 19:39

La tradición litúrgica ortodoxa canta que toda la creación participó en la acogida del Mesías: los ángeles entonaron himnos celestiales, los pastores se apresuraron hacia el pesebre, los magos ofrecieron sus dones, la tierra preparó la cueva y la Virgen María se convirtió en su madre. Este relato de acogida universal refuerza la idea de que la Navidad trasciende lo estrictamente humano y afecta a todo el orden creado.

Servicios religiosos y estructura litúrgica

La celebración litúrgica de la Navidad Ortodoxa en la noche del 6 al 7 de enero sigue un orden establecido que incluye tres grandes momentos:

  1. La Gran Víspera: servicio vespertino que abre la festividad con lecturas del Antiguo Testamento que prefiguran la llegada del Mesías.
  2. La Matutina (Utrenia): servicio nocturno con polieleos, cánones y el himno festivo llamado tropario: “Tu nacimiento, oh Cristo Dios nuestro…”
  3. La Liturgia de San Juan Crisóstomo: la eucaristía navideña, que constituye el centro sacramental de la celebración.

El tropario navideño, cuya melodía varía según la tradición eclesiástica local (rusa, griega, serbia, etc.), resume en pocas líneas toda la teología del nacimiento: la estrella que guía a los magos, la adoración de los ángeles y la llegada de la luz al mundo. Este himno se entona desde las primeras vísperas hasta el final del período festivo.

El ayuno de cuarenta días culmina la víspera, el 6 de enero, con la Sochel’nik (en la tradición eslava), una cena austera a base de sochivo, un plato elaborado con trigo o arroz cocido mezclado con miel y frutos secos, que se toma tras la aparición de la primera estrella en el cielo, en recuerdo de la estrella de Belén.

Período de las fiestas: los doce días de Navidad

Tras la celebración del 7 de enero, se inicia el período conocido como las Svyatki (fiestas), que se extiende durante doce días, hasta la Epifanía del 19 de enero. Este lapso es considerado sagrado en la tradición cristiana oriental y combina la celebración religiosa con costumbres populares arraigadas durante siglos.

Entre las tradiciones más características de este período destacan:

  • El canto de villancicos (kolyadki): grupos de personas recorren las casas cantando himnos y canciones festivas a cambio de alimentos o monedas, una costumbre documentada desde la Edad Media en Rusia, Ucrania y Serbia.
  • Las reuniones familiares: la mesa navideña incluye doce platos en muchas tradiciones eslavas, uno por cada apóstol.
  • La adivinación popular: especialmente arraigada en la tradición eslava, aunque la Iglesia la ha desaconsejado históricamente por considerarla contraria a la fe cristiana.
  • Las visitas a los vecinos y los pobres: el espíritu de caridad y hospitalidad es central durante todo el período festivo.

Las doce jornadas de fiestas concluyen con la celebración de la Epifanía (Teofanía en la terminología ortodoxa), que conmemora el bautismo de Jesús en el río Jordán y es considerada, en muchas iglesias orientales, incluso más solemne que la propia Navidad.

Aspectos históricos

La historia de la Navidad como festividad cristiana es inseparable de la historia política y cultural de los pueblos que la celebran. En el Imperio Romano, el 25 de diciembre se vinculaba al Dies Natalis Solis Invicti (Nacimiento del Sol Invicto), festividad solar instituida por el emperador Aureliano en el año 274 d.C. La Iglesia Católica fijó en esa fecha el nacimiento de Cristo en el siglo IV, en parte para dar un contenido cristiano a las celebraciones ya existentes en el calendario romano.

La Iglesia Ortodoxa Rusa, por su parte, adoptó el calendario juliano y no el gregoriano —reformado en 1582 por el papa Gregorio XIII—, lo que explica la diferencia de 13 días entre ambas celebraciones. Esta decisión no fue solo técnica: representó también una afirmación de identidad frente a Roma.

Durante el período soviético (1917-1991), la celebración de la Navidad fue prohibida o severamente restringida en la URSS. Las iglesias fueron cerradas, los sacerdotes perseguidos y los ritos navideños relegados al ámbito privado. Fue precisamente en 1991, tras la disolución de la Unión Soviética, cuando la Navidad Ortodoxa recuperó en Rusia su condición de festivo oficial, marcando el renacimiento público de la práctica religiosa en el país.

En otros países ortodoxos —como Grecia, Serbia, Bulgaria o Georgia— la Navidad nunca dejó de celebrarse abiertamente, aunque las tradiciones locales presentan variaciones notables entre sí.

Tradiciones modernas

Las tradiciones navideñas contemporáneas en los países de mayoría ortodoxa combinan la espiritualidad litúrgica con elementos culturales que han evolucionado a lo largo de los siglos:

  • El árbol de Navidad: introducido en Rusia por Pedro el Grande a principios del siglo XVIII bajo influencia alemana, se convirtió en un elemento festivo ampliamente adoptado, aunque durante el período soviético fue reconvertido en “árbol de Año Nuevo” para desvincularlo de la religión.
  • El Ded Moroz (Abuelo Frost): el equivalente eslavo de Papá Noel, acompañado de su nieta Snegurochka (la Doncella de las Nieves), que reparte regalos la noche de Año Nuevo según la tradición soviética, aunque en algunas familias se ha trasladado a la víspera de la Navidad Ortodoxa.
  • La corona de Adviento: más propia de la tradición luterana y católica, con cuatro velas que representan las cuatro semanas de preparación, no tiene un equivalente directo en el rito ortodoxo, donde el ayuno ocupa ese lugar espiritual.
  • La figura de Papá Noel: basada en San Nicolás de Mira —obispo del siglo IV venerado tanto en Oriente como en Occidente—, ha penetrado también en los países ortodoxos a través de la cultura popular global.

La globalización ha acercado algunas tradiciones occidentales a los países ortodoxos, pero la estructura litúrgica y el ayuno previo siguen distinguiendo claramente la Navidad Ortodoxa de su equivalente católico o protestante.

Fuentes evangélicas del nacimiento de Cristo

Los relatos del nacimiento de Jesucristo se conservan en dos Evangelios canónicos, cada uno con su propio énfasis narrativo y teológico:

Evangelio Protagonistas del relato Elementos destacados
Lucas (cap. 1-2) María, José, pastores, ángeles Anunciación, pesebre, ángeles que cantan, presentación en el templo
Mateo (cap. 1-2) José, magos, Herodes Estrella de Belén, regalos de los magos, huida a Egipto, matanza de los inocentes

En el Evangelio de Lucas, el relato subraya la humildad del nacimiento y la acogida por parte de los más sencillos —los pastores—, figuras que representaban una categoría social marginal en la Judea del siglo I. El Evangelio de Mateo, escrito principalmente para lectores de tradición judía, enfatiza el cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento y la universalidad de la salvación, simbolizada por los magos llegados “de Oriente”, es decir, de fuera del pueblo de Israel.

Ambos relatos, lejos de contradecirse, se complementan: juntos ofrecen una imagen completa del nacimiento de Cristo acogido por humildes y poderosos, por judíos y gentiles, por pastores y sabios. Esta complementariedad es la que la Iglesia Ortodoxa celebra en sus himnos litúrgicos, donde toda la creación —ángeles, pastores, magos, la Virgen, la tierra misma— converge en adoración al recién nacido.

Estos textos evangélicos son, en definitiva, el fundamento irrenunciable de la Navidad Ortodoxa: una festividad que, más allá de las tradiciones culturales acumuladas a lo largo de veinte siglos, remite siempre al mismo acontecimiento original narrado en los Evangelios.

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